miércoles, 30 de mayo de 2012

Cuarto Día.

Hoy me desperté sintiendo una paz que duró al menos 2 minutos, fue mucho más que ayer, incluso, desperté con ganas de seguir durmiendo pero esta vez decidí no dormir más.
Amanecí en modo automático, y por eso entiendo aquella paz tan utópica, momentánea, y eso me lleva a cuestionarme:
¿Es por lo qué voy hacer hoy?, o es, ¿Por qué emprendí el camino a mi nueva realidad?, y comprendí que la respuesta no estaba en esas preguntas, tan simple porque la formulé mal, la pregunta correcta sería, ¿Es por qué él me llamó anoche a decirme que me extrañaba?



Insisto, el dolor se alarga a medida que la esperanza viva en nuestros corazones.
Un corazón sin esperanza vive mucho mejor, pero yo tengo el otro tipo, ese corazón que justifica a todos y a todo, aquel que cree que todo puede ser mejor, y que todos merecemos segundas oportunidades. Y lo que más odio de mi corazón, es que es tan egocéntrico, que piensa que nos volverán a buscar con flores en la mano y un perdón en los labios.


Quisiera desaparecer... Estar en la colina mas alta del mundo y que el viento sea tan fuerte que me lleve con él. Y no volver jamás; sigo sintiendo que estoy en un lugar equivocado, que no pertenezco acá, necesito encontrarme. Es duro, despertar con tantas nauseas, ganas de gritar pero tan muda a la vez. Nadie puede comprender, este es mi corazón, que siempre va un paso más adelante que yo, él se despierta primero y me arrastra con él, y luego voltea a mirar atrás cuando se ve derrotado por la vida, porque no me espera para decidir juntos que es lo mejor.





Yo soy la amante eterna de mi corazón, siempre perdono todos sus errores. Soy la enemiga furtiva de mi mente, siempre contrario sus órdenes. Catalina.

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