jueves, 26 de febrero de 2015

Pizarnik

Mi gata Pizarnik está sentada en mi regazo, ella lee las letras de Pizarnik en el libro que acompaña mi mesita de noche.
Ella siente mis lágrimas caer en su pelaje blanco y negro.

Pizarnik maúlla, porque la soledad es así, me mira con sus grandes ojos amarillos,
¿comprenderá el dolor del silencio?, ¿sabrá acaso de qué tanta agua de mar?

He decidido callar, enmudecer, las palabras no bastan para tanto vacío.
Él nunca notó ésta admiración indescifrable por su inconmensurable existencia, la que nunca entendí.
Y ya es tarde. No solo de reloj, es tarde en el alma.

Sábanas insomnes en una noche sin nadie.
También el llanto sirve de almohada...
Alejandra Pizarnik.