y baño con ella la vergüenza del sexo.
Me visto y aguardo su llamada,
es una mentira a quien espero,
un medicina que no cura.
Mi placebo personal.
Sueño en el día con nuestras alegrías pasajeras,
espero de noche el retorno de la esperanza.
Solo la terquedad daría paso a éste suicidio,
y muero lentamente entre sus brazos,
con sus besos como resurrección,
sigo sumida en la desdicha de tenerlo y a la vez no.
Me siento intoxicada del olor de sus mañanas,
de sus manos sobre mi espalda.
Hipnotizada por su mirada,
Atrapada en la adicción a él, a mi placebo personal.
No vale la pena tanta angustia
por unas horas de felicidad. Catalina.












