Hago un alto en el camino y miro los árboles en su constante vaivén del viento, y pienso en todo lo perdido por ese aburrimiento que siempre llega a todo acto de mi vida.
Trato con coherencia llevar una vida "normal" y tal vez ni quiero tener eso, tal vez no es mi destino la normalidad; tampoco hablo de ser una cabra loca, pero siempre hay algo más.
Quiero algo más, demasiado siempre es poco en mi vida, nunca satisface la necesidad de volar, de ir más lejos, de no poder estarme quieta en el mundo que sea que viva. Y quisiera tanto poder adaptarme y dejar de ser esa itinerante, pero regresa la locura que me incita a dejarlo todo y correr a una nueva libertad.
Observo como los árboles se acostumbran a su vida rutinaria, amanecer, atardecer, anochecer, y mi vida quiere echar las raíces, en ningún sitio, en todos los sitios.
Esta alma de vida pasajera, de mil vidas y ninguna, de todos lados y de nadie, demasiado es poco para mi vida, poco es demasiado para mi muerte.
