Hace doce años que probé el amor físico y espiritual. Hace doce años ya, qué conocí los placeres carnales del amor, de manos de un hombre con experiencia y que moldeó mi seno a su sexo.
Hoy pienso en ti, mi próximo amante, y no te conozco, no te imagino, ni te deseo.
Pero si pienso y deseo que sensualmente puedas complacer mis pequeños caprichos eróticos. Llevo noches enteras soñando con un desconocido que me da el placer anhelado, y por ahora, mi onirismo me satisface -mentalmente-.
Siento al despertar ese palpito que solo las mujeres conocemos y que hombres entregados nos hacen sentir.
¿Serás capaz tú, mi aún desconocido amante, de entregarte del modo en que yo lo haré a ti?
¿Sin egoísmos previos a la eterna sensación del placer personal de ver el rostro excitado de tu amor contrario?
C. Dollanganger.
No hay amor sin instinto sexual. El amor usa de este instinto como de una fuerza brutal, como el bergantín usa el viento. José Ortega y Gasset

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