Así vienen todas las mañanas los recuerdos de esos besos.
Taladrando sin cesar el cráneo, los ojos,
escupo sangre cada que hablo,
Sangre de la herida, herida que no veo pronto a curar.
Cada mañana despierto a la hora que no quiero
porque tu voz me habla sin tu presencia
es el recuerdo de Pájaro Carpintero
martillando mi penumbra, sentimiento austero.
Imprimo en mi mente un "Ya no estás"
pero la lluvia ácida de tu recuerdo
borra cada orden que le tengo.
Sin lavar nada, porque anhelo tu olor.
En mis sábanas no hay ni rastro de mi dolor
sólo de nuestras noches de pasión.
Todas las mañanas me susurra tu ausencia
repite mi nombre y me cuenta historias
abro los ojos y solo una se hace realidad
las pesadillas que dicen: "él ya no está"
¿Por qué volveis a la memoria mía
tristes recuerdos de un amor perdido,
a aumentar la ansiedad y la agonía
de este desierto corazón herido?
José de Espronceda

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