Que él me proteja en su alma, que la lejanía de los cuerpos desaparezca, y en un mar de miradas descifre el secreto.
Él se fue... Y ahora es platónico de Ficino.
Se llevo las lágrimas de su partida, se llevó la espera de mis días.
Porque yo lo miraba y tan solo anhelaba, en silencio anhelaba, su sonrisa, su tarareo, escuchar mi nombre de sus labios.
Se llevó la espera de los días.
Una muchacha sedienta en el desierto y un manantial que no da de beber cuando ella se acerca. Pizarnik.

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